No se si al reflexionar en alguna ocasión sobre el proceso de innovación que tiene lugar dentro de una organización habrán comparado la complejidad de sus dos vertientes más importantes: la innovación en las tareas de gestión frente a la innovación de producto. Personalmente creo que lo más difícil, y con bastante diferencia, es la innovación en gestión o en el modelo de negocio, como prefieran llamarlo.

Al fin y al cabo, innovar en un producto no es muy complicado. En el peor -y más frecuente- de los casos en que se deja totalmente de lado la estrategia global del negocio, cualquier empresa puede desarrollar un proyecto con más o menos éxito en el mercado si se tiene una ligera idea de lo que puede funcionar y se colabora con la universidad o el centro tecnológico adecuado.

Es cuestión de echarle valor. Hablamos, pedimos presupuesto, pagamos y pedimos subvenciones. Estamos ocupados aproximadamente un año con el tema y después tratamos de vender lo nuevo con la misma estructura de antes. Volvemos a empezar si todo ha salido bien, y obviamente, si ha merecido la pena. En caso contrario mandamos a freír espárragos al departamento técnico o a quien nos convenció de la idea porque tenía un conocido que trabajaba en la universidad y nos vendió la moto pintada de color de rosa.

El verdadero reto

Pero lo realmente difícil es cambiar el modelo de negocio. Los manidos ejemplos de Inditex e Ikea son el máximo exponente de lo que se persigue con el deseo de cambio en la gestión de la empresa. Algunos expertos afirman que con la voluntad de la dirección y la colaboración y el compromiso de todos los trabajadores, un proceso de cambio en el modelo de negocio desde una situación tradicional hacia una cultura innovadora suele tardar unos 5 años en una PYME de varias decenas de trabajadores.

Si en el peor de los casos para crear un nuevo producto tardamos una cuarta o quinta parte de este tiempo, nos damos cuenta de que el plazo es mucho menor del que puede ocupar la modificación de la organización. Y si además atendemos a la cuestión estratégica, ni hablamos. Casi mejor cerrar la empresa y empezar de nuevo con un plan de negocio renovado en lugar de buscar problemas ajenos al día a día.